Madrid es una ciudad con una gran variedad gastronómica, pero pocos lugares logran capturar la esencia de una cocina extranjera como lo hace el Restaurante Alemán Krüger. Desde el momento en que cruzamos la puerta, nos transportamos a un rincón de Baviera, con su decoración rústica, mobiliario de madera robusta y un ambiente acogedor que invita a disfrutar de una velada relajada y placentera.
El menú ofrece una amplia selección de platos tradicionales alemanes, desde las clásicas salchichas hasta los contundentes platos de carne. Decidimos comenzar con una selección de embutidos alemanes, acompañados de mostaza y pan de centeno. Cada bocado era un estallido de sabor, resaltando la calidad de los ingredientes.
Como plato fuerte, nos decidimos por el Wiener Schnitzel, un escalope empanado y frito a la perfección, acompañado de una ensalada de patata que complementaba el plato de manera excepcional. También probamos el Gulasch, un estofado especiado con carne de ternera, que tenía un sabor profundo y reconfortante.
El maridaje con las cervezas alemanas fue otro punto fuerte. Pedimos una Hofbräu Original, de sabor suave y equilibrado, y una Erdinger Dunkel, con notas tostadas que realzaban la experiencia gastronómica.
Para terminar, elegimos un Käsekuchen, un pastel de queso alemán con una textura cremosa y un toque de vainilla. Fue el cierre perfecto para una cena deliciosa.
El servicio fue atento y profesional en todo momento. El personal estaba bien informado sobre el menú y supo recomendarnos opciones acorde a nuestros gustos. En definitiva, el Restaurante Krüger es una visita obligada para los amantes de la cocina alemana en Madrid.